10 REFLEXIONES DE ROGER BOIX

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1. El fotógrafo, como cualquier otro creador de contenido que pueda digitalizarse, está expuesto a que otros usen indebidamente su obra. Más aún tratándose de algo tan fácil de compartir y con tanta capacidad de impacto como es una foto. Son muchos los fotógrafos que se han visto perjudicados por una situación que difícilmente va a cambiar en un ecosistema tan vasto e incontrolable como son las redes sociales. De todas formas, no hay que menospreciar el efecto multiplicador que las redes sociales ejercen en la proyección del contenido, sobre todo entre aquellos fotógrafos que necesitan promocionar su trabajo.

 

2. La evolución fotográfica en los móviles va cogida de la mano de lo que el público pide. Ahora piden “selfies”, y ahí es donde actualmente los fabricantes parecen estar poniendo más empeño, con cámaras frontales algo más decentes y modos específicos para este tipo de fotografía. Una epidemia que va más allá de los móviles y se ha extendido también entre las compactas, en algunos casos incluso entre las de gama alta, hasta el punto de que a menudo la estrategia de comunicación en estos productos prioriza como aspecto más relevante la toma de “selfies”.

 

3. No creo que los smartphones estén pisándoles el terreno a las cámaras de gama profesional ni a las que los departamentos de “marketing” llaman cámaras para entusiastas. La auténtica “canibalización” aquí se produce en el segmento de las compactas del montón, las que antes se vendían como churros y ahora no interesan a casi nadie. Son cámaras que no destacan por nada y tienen que competir con un dispositivo que llevamos siempre encima –la mejor cámara posible, dicen- y que está permanentemente conectado a Internet. Y en los tiempos que corren, con esa obsesión que existe por explicar a todo el mundo dónde y con quién estamos, una compacta clásica interesa poco o nada al que antaño era su público potencial. La consecuencia más palpable de todo esto es la drástica bajada en los índices de ventas de este tipo de cámaras.

 

4. El smartphone no plantea ningún tipo de amenaza para el fotoperiodista clásico. Lo que realmente importa aquí es quién empuña la cámara o el móvil y quién y cómo distribuye esa foto. En ese sentido, seguramente en Visa pour l’Image están ahora más preocupados por preservar la esencia más ortodoxa del fotoperiodismo –recientemente su director se revolvía contra lo que considera una pérdida de credibilidad de los premios World Press Photo- que en plantearse si el móvil es o no una amenaza para la profesión. Y en el fondo no deja de ser una cámara pequeña que, pese a sus limitaciones, llevas siempre encima e intimida mucho menos a los sujetos retratados que una réflex.

 

5. Fotógrafos como Michael Christopher Brown, que ha cubierto el conflicto en Libia únicamente con un iPhone, o portadas en medios como The New York Times o Time ilustradas con fotos hechas con un móvil (otra vez el iPhone, por cierto) son la prueba definitiva de que esta es una herramienta tan legítima para el fotoperiodismo como una cámara convencional.

 

6. Estamos atravesando la segunda gran revolución en la transmisión de la información desde la invención de la imprenta, y pese a ello los medios pasan por su peor crisis financiera. El modelo de negocio clásico de este tipo de empresas, fundamentado en los ingresos provenientes de la publicidad, se ha venido abajo y trata de reinventarse.

Se han juntado la crisis financiera internacional con la eclosión de un ecosistema on-line salvaje con infinitud de prescriptores, plataformas de comunicación abiertas a todo el mundo –las redes sociales- y la aparición de nuevos actores que amenazan y de hecho ya han erosionado la hegemonía de los medios tradicionales, algunos de los cuales no han conseguido sobrevivir al cambio de paradigma.

 

7. Nuevos medios on-line nativos como BuzzFeed, The Huffington Post, Vice o los representados dentro del grupo Vox Media están ya compartiendo la centralidad del ecosistema periodístico (o están a punto de hacerlo) con las grandes cabeceras históricas. Son empresas que han sabido dar al usuario medio de Internet, que no necesariamente es el mismo que compra el periódico cada domingo, aquello que pedía, que muchas veces es entretenimiento, no información. O una especie de información entretenida.

 

8. Efectivamente, la crisis de los medios es una realidad más que palpable, independientemente de que en algunos casos debiera hablarse de ceguera de los medios. Y en estas empresas donde no cuadran los números y donde a veces quien toma las decisiones más drásticas considera la información como una mercancía más y administra un medio de información como quien dirige una fábrica de tornillos, es inevitable que los periodistas y más especialmente los fotoperiodistas se lleven la peor parte. Ellos y el lector, y de rebote una sociedad que se arriesga con ello a estar peor informada.

 

9. En el fotoperiodismo lo que debe primar es la información. Y eso depende, más allá del hecho de estar en el lugar y el momento adecuados, de la capacidad del fotoperiodista por entender aquello que está documentando y saber cómo reflejarlo de la mejor manera posible en una imagen. La mirada del fotoperiodista, condicionada por su bagaje cultural e inevitablemente por sus ideas, es el primer filtro por el que debe pasar necesariamente ese trozo de realidad que nos llega más tarde.

 

10. No me atrevo a pronosticar nada en cuanto a los cambios que va a sufrir el ecosistema del fotoperiodismo en los próximos años, pero sí se pueden destacar algunas tendencias que han ido en auge durante los últimos años y acabarán por consolidarse. La apuesta por el vídeo y lo que se ha venido a llamar formato multimedia –que no es más que la mezcla de foto, vídeo, audio y quizás texto- se ha consolidado, pese a que la salida comercial de este tipo de trabajos tampoco está muy clara, o no lo está al menos en España. La otra gran tendencia es la autopromoción, la autoedición y un poco el buscarse la vida uno mismo. Iniciativas como Me-Mo Magazine, detrás de la cual hay jóvenes fotoperiodistas españoles con varios premios World Press Photo y Pulitzer a sus espaldas, o la arriesgada decisión de desplazarse a zonas en conflicto como reporteros “free lance” son dos ejemplos de ello.

 

Roger Boix

Roger Boix Quesabesde

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